Omertá1 de prensa

Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE MicrosoftInternetExplorer4   El fenómeno de la corrupción política ligada a la depredación-especulación con el territorio y sus vínculos con grupos de intereses conectados con la criminalidad organizada transnacional o las tradicionales mafias es una evidencia que ya pocos se atreven a negar. Más aún si escogemos como muestra la Costa del Sol, tras las operaciones judiciales Malaya, Ballena Blanca, Astapa, Hidalgo y sus respectivas réplicas mediáticas, con una cuantiosa difusión de contenidos en todos los soportes. Numeroso material publicado que sobredimensiona la espectacularidad de estos acontecimientos al orquestar una estrategia de manipulación masiva que soslaya el abordaje en profundidad de los graves episodios de degradación democrática tan perniciosos para el interés general. Lejos de potenciar un debate social en torno al modelo democrático, la financiación de las administraciones, la planificación territorial, el modelo económico o la regulación normativa de aspectos clave como el urbanismo, la vivienda o el control de los cargos públicos, de forma general los distintos soportes mediáticos han actuado como plataforma títere para provocar el asombro y la indignación ciudadana, pero sin el ánimo de canalizar estos estados como germen para un proceso de transformación.    Más allá de los alcaldes y concejales esposados en el vaivén desde el juzgado al coche patrulla, los mirós del váter de Roca, las cuadras de pura sangre o los líos de Julián Muñoz... ¿Qué queda en el imaginario colectivo de las dos décadas de la corrupción impulsada por los distintos grupos independientes en Marbella y la Costa del Sol? Espectacularización y desvío de la atención en una pasividad cómplice, son algunas pruebas de las mediaciones indeseadas impulsadas por el tratamiento generalizado del fenómeno corrupto. Y como la maquinaria de intereses de nuestra sociedad neoliberal no puede detenerse, vuelven a proliferar voces negacionistas sobre la implantación del crimen organizado, aquellos que se apresuran a pasar página para inaugurar nuevos tiempos, o cabría matizar, nuevas oportunidades. Y en este terreno los medios de comunicación retoman su carácter de arietes, al erigirse como herramientas fundamentales para la infiltración social de nuevas operaciones indeseables. En Marbella lo observamos a colación de la aprobación del nuevo PGOU que legaliza de facto la corrupción con el visto bueno a 30.000 viviendas ilegales, muchas de ellas forjadas a golpe de lavadora con capitales procedentes de actividades ilícitas, principalmente del tráfico de drogas. Los datos oficiales atestiguan que el 76% de la cuantiosa inversión extranjera en el sector inmobiliario de la Costa del Sol procede de tres paraísos fiscales: Luxemburgo, Gibraltar y las Antillas Holandesas. En definitiva, los poderosos sectores mediáticos actúan como altavoces de grupos de intereses particulares y sospechosas conexiones, a la vez que silencian, manipulan o tergiversan, en una alarmante práctica desinformativa, las iniciativas y propuestas transformadoras que emanan de determinados sectores políticos o sociales. No está escrita en ningún código normativo, pero es de aplicación cotidiana, es: la omertá de prensa. 1 Silencio cómplice que imponen las mafias en aquellos territorios que controlan, de modo que nadie ve, oye o habla nada sobre su actividad ni implicaciones.